River no fue superior a Banfield y construyó con sufrimiento la victoria por 2-0; los goles de Abelairas y de Falcao lo ubican entre los punteros
La sonrisa de Matías Abelairas después de abrir al marcador con un tiro libre controvertido; Cristian Villagra se suma al momento de alegría millonario..
No es fácil de resolver conceptualmente la circunstancia dual de un equipo que está en el mejor de los cielos -por haber llegado a la punta- con la imagen tan entreverada con que lo consiguió. En ese toque de eficacia que cada uno le aportó a un encuentro entretenido e interesante estuvo la diferencia definitiva, reflejada finalmente en el 2 a 0 que acomoda al conjunto de Núñez en el lote de los líderes del torneo. si hasta ahora no lo había vislumbrado en su real dimensión, Néstor Gorosito ya tomó debida nota de lo complejo que será su trabajo. Echado a andar en la áspera competencia oficial, el River que imagina todavía no encuentra su perfil. No llegó a recortarse en las primeras fechas del campeonato, más allá del impulso emocional de un personaje como Fabbiani, y tampoco ayer, frente a Banfield. Sigue en una etapa experimental, lo cual no deja de ser riesgoso en medio de la vorágine.
Ante Banfield, esas carencias lo hicieron sufrir el partido, pero apareció a tiempo la conjunción de un error ajeno y una virtud propia y, al menos, compensó con un triunfo una actuación que dejó puntos en deuda. Pero en equipos como River, un par de segundos de lucidez puede ser más provechoso que las horas de perseverancia de otros. Una jugada polémica (ver aparte) ambientó la pegada precisa de Matías Abelairas; el arquero Cristian Lucchetti esperaba un tiro indirecto y el remate ingresó perfecto, cerca de un ángulo. Esa gota de jerarquía le bastó a River para forjarse la oportunidad de impulsar sus ilusiones. Dio la sensación de que la aprovechaba, porque desde ese momento manejó más tranquilo la pelota. Pero esa imagen esperanzada del equipo millonario sólo duró lo que quedaba del primer tiempo. En el segundo, las dudas se profundizaron ante un Banfield más convencido y que a la entrega de todos le adosó un juego aéreo peligroso: dos cabezazos, uno de José Devaca y otro Víctor López, pasaron muy cerca de los palos. La presunción de que el equipo de Jorge Burruchaga era más se confirmaba con los intentos de Bertolo y del uruguayo Fernández. Situaciones que provocaban que Cristian Villagra se tirara al piso para tapar remates peligrosos de sus rivales y que Ojeda demostrara que con confianza puede ser un arquero capaz de aparecer en los momentos complicados del fondo millonario.
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